06.02.12 - 17:41 -
J. F. BARRERA | GRANADA

Una familia cruza las puertas correderas que dan acceso al aeropuerto de Granada. Se dan de sopetón con las cintas que ordenan la cola para pasar el filtro de control. Como no hay nadie, las cruzan sin demora. El marido lleva al bebé en brazos. La mamá empuja el carrito. El guardia jurado les dice que tienen que darse la vuelta.
Han venido a esperar a los abuelos de la criatura y no pueden pasar al vestíbulo de toda la vida donde en Granada se esperaba a los viajeros. «Pasa todos los días. Y a la gente no le hace maldita la gracia», reconoce un trabajador del aeropuerto que añade: «A mí mismo me incomoda que para tener que tomarme un simple café tenga que sufrir toda la parafernalia de quitarme el cinturón y pasar por el arco de seguridad y que me tengan que cachear...»
Los trabajadores de la cafetería de Los Abades también están que trinan. Para empezar, lo que antes era una rutinaria carga de alimentos para el restaurante, cafetería y ‘self-service’, ahora hay que pasarlo todo por el filtro de control. «y es un completo coñazo», certifican. Además, «la caja, como se podrá suponer, ha caído en picado, ya que los acompañantes no pueden consumir. Y no están los tiempos para perder ventas».
Las quejas en el control de embarque se multiplican por esta imposibilidad de acceder al otrora vestíbulo y muchos familiares tienen que darse la vuelta. Empieza a ser un clásico el primer vuelo de la mañana a Barcelona, repleto de inmigrantes granadinos que viven en Cataluña, porque quieren «tomarse un cafelito» antes de despedirse y no pueden. La terminal quedará más amplia, pero no tener ahora en invierno café les solivianta.
¿Qué opinan? ¿Es necesaria tanta seguridad o preferimos que nos dejen pasar nuestro café?










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